Esta, de las principales amenazas, señaló el director del albergue San Juan Diego, el padre Hugo Raudel.
México, DF. El amplio paquete de papas que les regalan a cuatro migrantes centroamericanos a las afueras de un albergue del estado de México se convierte en un exquisito platillo tras largos días de viaje en los que la comida y los servicios básicos escasearon.Mientras comen los primeros bocados hacen un llamado para compartir el platillo con otros compañeros de viaje que esperan en la fila para registrar su ingreso al albergue San Juan Diego del municipio de Tultitlán, a unos 60 kilómetros de la ciudad de México, donde pernoctarán las próximas 24, máximo 48 horas.
La advertencia de "Prohibido el paso a coyotes" a la entrada de la casa de paso irónicamente advierte el cercano encuentro que los migrantes tendrán con estas personas que los "ayudarán" a pasar la escabrosa frontera entre México y Estados Unidos a cambio de un pago que oscilará como mínimo entre los 2 mil o 3 mil dólares.
Al adentrarse en la pequeña vivienda observan las primeras caras de cansancio y angustia de decenas de personas a quienes la búsqueda del sueño americanotambién los trajo hasta México, país al que muchos llegan consientes de que la aventura podría concluir con la muerte.
Un único baño, ubicado en una pieza con varias camas en las que están hacinadas decenas de guatemaltecos, hondureños y salvadoreños, se convertirá en el primer servicio que recibirán en este hogar.
Mientras que éstos celebran la posibilidad de un baño, sin importar que se encuentre atiborrado, otro hondureño que hace unas horas llegó a la casa se sigue lamentando por el robo de unos 5 mil pesos (unos 430 dólares), perpetrado por presuntos policías mexicanos.
En una de las camas también descansan José Adolfo y Merci, una pareja de guatemaltecos que ya lleva 18 días de viaje desde su tierra y a la que le resta por lo menos otros diez más antes de lograr la entrada a Estados Unidos, donde los espera una hermana de él.
Antes de partir, Merci, quien trabajaba como mesera en el balneario guatemalteco de Monterrico, no contó la verdad sobre su periplo a su familia, que la cree realizando un viaje en otra región de Guatemala.
"Decidimos hacer el viaje por la situación económica de nuestro país, conseguir un trabajo allí no es fácil", señala José Adolfo, quien se declara consiente de los riesgos que pueden correr a lo largo del viaje.
Un primer susto ya lo sufrió esta pareja en Medias Aguas, en el estado mexicano de Veracruz (este), donde hace una semana, según denuncias del director del albergue Hermanos en el Camino, el padre Alejandro Solalinde, fueron secuestrados entre 80 y 100 migrantes centroamericanos por un comando armado de Los Zetas.
Esta denuncia, sin embargo, no ha sido aceptada por el gobierno mexicano, que argumenta sólo tener conocimiento de la retención de cinco migrantes en este sector, basándose en testimonios de un guatemalteco y un hondureño.
"Nos llevamos un buen susto en Medias Aguas porque hubo una amenaza de secuestro de Los Zetas y tuvimos que escondernos en el monte, gracias a Dios no nos pasó nada", cuenta la pareja.
El secuestro es, de acuerdo al director del albergue San Juan Diego, el padre Hugo Raudel, una de las principales amenazas que tienen los migrantes, quienes a lo largo de su recorrido pueden ser víctimas de reclutamiento por parte de grupos del crimen organizado, extorsión o asesinato.
"El secuestro es también parte de la extorsión, porque algunos los secuestran temporalmente para sacarle información de sus familiares en Centroamérica o Estados Unidos para extorsionarlos o los secuestran para reclutarlos, principalmente Los Zetas", señaló Raudel.
En el albergue San Juan Diego de Lechería, una ruta obligada para los migrantes que quieren tomar el tren de carga La bestia de acero que los llevará hasta la frontera mexicano-estadunidense, además de baño, alimentos, un lugar para dormir y asistencia médica, los migrantes pueden recibir ropa donada.
Las prendas son entregadas por voluntarias en otra pequeña habitación, que decora un enorme cuadro hecho por una mujer que estuvo en la casa de paso, que alberga entre 800 y mil migrantes semanalmente. En las tres dramáticas figuras de mujer desangrándose, la extranjera plasmó el padecimiento de su periplo.
Estas señales de dolor, también explícitas en los pies con ampollas y sangrando de los migrantes, algunos de los cuales además resultan mutilados tras caer del tren de carga, no obstante no amainan su intención de "conquistar" territorio estadunidense.
"El riesgo está pero lo vamos a intentar", concluyen la pareja de guatemaltecos, que como muchos de los indocumenados no descartan volver a intentarlo si llegara a fracasar su primera experiencia.
Según datos de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), sólo entre abril y septiembre de 2010 se registraron en México unos 214 casos de secuestros, que dejaron unas 11 mil 333 víctimas.
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